San Pedro de Atacama: Puerta de entrada a Chile

Del frío del altiplano al calor del desierto

El transfer desde la frontera con Bolivia era conducido por un señor chileno, quien la primera advertencia que nos hizo es que botáramos allí mismo cualquier hoja de coca o derivado ya que en Chile no es legal y si en la aduana le encuentran a alguien ese tipo de producto puede hasta ir preso.

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Esta bitácora de viaje corresponde al Capítulo 15 de
Sudamérica con 500 dólares

Capítulo anterior:
Uyuni parte 3: Géiseres y volcanes

Dicho esto, arrancamos el recorrido de hora y media en bajada hasta San Pedro de Atacama, puerta de entrada a Chile. El paisaje era espectacular aunque repetitivo, desierto de lado y lado. Sin embargo, lo que si sentí fue un rápido cambio de temperatura, del frío terrible del altiplano boliviano al calor infernal del desierto de Atacama. ¿Cómo podía cambiar el clima tan bruscamente?

El transfer estaba lleno, eramos como 12 personas. 6 austríacos, 2 mexicanos, una señora italiana y otros con idiomas que no logré descifrar. Llegamos a la aduana y nos tuvimos que bajar del transfer. Adivinen que fue lo primero que hice. Empezar a “desvestirme” porque no aguantaba el calor: fuera suéter, fuera camisa fuera pantalón de mono, así sucesivamente hasta quedarme con un jean y una franela solamente.

La aduana chilena: Organizada y moderna

Mientras tanto, nos hicieron llenar el formulario de entrada a Chile y pasar nuestros equipajes por una máquina de rayos x (Chile tiene un sistema de migración mucho más avanzado y estricto que en los otros países que crucé). Acto seguido nos regresaron el equipaje y nos montamos en el transfer, que al final nos dejó literalmente en un estacionamiento.

Si no hay real, no hay lopa

No tenía idea de dónde estábamos así que le dije al conductor que si me podía dejar en el terminal de autobuses u otro punto desde dónde pudiera ubicarme. Al principio me dijo “eso no está tan lejos, solo camina unas 10 cuadras y ve preguntando”. Porque si agarras un taxi te va a costar hasta 20 dólares. Esto no es Bolivia, esto es Chile. Cómo me gustaría ganar el sueldo de Chile, pero vivir en Bolivia. Me alcanzaría hasta 4 veces más de lo que me alcanza aquí”.

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En el transfer todavía quedábamos las italianas, los mexicanos y yo así que le insistimos de que por favor nos dejara en algún punto más céntrico. Accedió, pero yo presentía que no iba a ser de gratis. En efecto, primero dejó a las italianas en el hotel que ellas habían reservado, pero cmo se bajaron y no le diern “propina”, el conductor se molestó y empezó a gritarles. Todavía no habíamos llegado al terminal así que busqué y todo lo que tenía era un bllete de 1 dólar y otro de 100 dólres. Al bajarme le agradec´y le di el billete de 1 dólar. No le gustó mucho pero me dijo “bueno algo es algo” y se fue.

Mi primer encuentro con el solitario San Pedro

San Pedro de Atacama es un pueblo solo como la una, las calles que yo recorrí se me parecían a las películas de vaqueros estilo Rango donde no se ve ni un alma. El terminal de autobuses es mínimo y no sé, de verdad yo me esperaba otra cosa del pueblo.

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Lo primero que tenía que hacer era buscar dónde cambiar los dólares a pesos chilenos. Pregunté a un señor que estaba sentado en una mecedora en el terminal y me dijo que fuera a la plaza central. Yo sabía que el tipo de cambio rondaba los 570 pesos por dólar. Sin embargo caminé como 3 cuadras sin ver a nadie hasta que llegué a una bodeguita.

Les pregunté que si me podían cambiar y al principio dudaron pero me dijeron que lo que podían hacer por mi era cambiarme a razónde 500 pesos el dólar. Iba a tener una pérdida importante así que no acepté y les pedí que me indicar como llegar a la Plaza Principal del pueblo. Me indicaron y luego de caminar unos 15 minutos finalmente llegué.

El centro del pueblo: Por fin veo gente en las calles

Allí sí había más gente, comercios abiertos, agencias de turismo y lo más importante: casas de cambio. Entré en varias pero me ofrecían tipos de cambio bastante desfavorables hasta que finalmente encontré una que me cambió a razón de 560 pesos chlenos por dólar. Hecho esto, entré a una de las tiendas de alimentos y me compré una empanadita horneada de vegetales, un pastel y un refresco por 4 dólares.

Definitivamente Chile en comparación con Bolivia, Ecuador o Perú es un país mucho más caro. Volví caminando al terminal de autobuses dispuesto a comprar el próximo bus que saliera desde San Pedro de Atacama hasta Arica, mi próximo destino a visitar. Me informaron que el próximo autobús salía a las 10 de la noche (y eran las 2 de la tarde)

Improvisando la ruta: ¡Nos vamos a Calama!

No me imaginaba pasar 8 horas en medio de ese calor, sentado sin hacer nada. Así que le pregunté que cuál otra opción tenía y me dijo que podía llegar hasta la ciudad de Calama y desde allí agarrar otro autobús que me llevara a Arica. Eso hice, ya que además necesitaba llegar a Arica esa noche para poder compartir con mi siguiente amigo de Couchsurfing, quien me estaba esperando.

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Compré boleto para el autobús de las 2.30 rumbo a Calama y me monté. La ruta San Pedro de Atacama-Calama es un espectáculo, ya que implica atravesar el desierto de Atacama. Pude ver sin problema el valle de la luna y los enormes molinos de viento a ambos lados del camino. Llegamos a Calama a las 4.30 pm aproximadamente. Me bajé corriendo con la esperanza de encontrar el próximo autobús que saliera rumbo a Arica.

Buscando pasajes de Calama a Arica

Había uno a las 6 de la tarde, pero cuando me dijeron el precio me eché para atrás: 40 dólares por un trayecto de 8 horas? Salí de inmediato y seguí caminando esa calle hasta que encontré otro sitio. Tenían un único bus que salía a las 10 de la noche por 10mil pesos (23 dólares) pero resultaba ser que acababa de vender el último asiento.

Yo necesitaba irme en ese autobús así que empecé a pedirle a ver si por favor en sistema no encontraba un asiento para mi, que era solo una persona y le eché brevemente el cuento del viaje que estaba haciendo. Al princiipio no quería, pero después volvió a meterse en el sistema y bingo! Encontró un asiento de una persona que había cancelado y me lo vendió.

Seis horas en Calama: No hice nada más que descansar

Además del precio me decidí por esa opción debido a que el terminal privado era cómodo, tenía un televisor y lo más importante: aire acondicionado. El cansancio extremo empezaba a salir, así que decidí (por primera vez desde que había salido de Caracas, tres semanas atrás) dejar de inventar y quedarme esperando allí hasta que el autobús llegara. Perfectamente podía haber aprovechado esas 6 horas para salir a conocer Calama, pero definitivamente necesitaba descansar. Aproveché ese tiempo para ver un poquito la televisión chilena y para terminar de leer La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa. Finalmente, a las 10 pm me compré 2 bombas y un chocolate como cena y  me monté en el autobús rumbo a Arica.

Siguiente capítulo:
Arica: Morro, océano y calor

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