Copacabana y la isla del sol: El azul más intenso que he visto

“Señor, tiene que bajarse”: En una carretera desierta

El autobús de Cusco a Copacabana tenía los asientos más cómodos que haya visto, de cuero, reclinables 180 grados y sumamente anchos. Por el precio que pagué en el terminal de autobuses de Cusco, unos 20 dólares aproximadamente, estaba sorprendido de lo confortable que era. Tres asientos por fila en vez de los tradicionales cuatro. Confieso que estaban tan cómodos y yo estaba tan cansado que de inmediato me quedé dormido hasta el día siguiente, cuando como a las 7.30 de la mañana unas manos me sacudieron para despertarme. “Señor, ya llegamos. ¿Usted va para Copacabana o La Paz?”

Esta bitácora de viaje corresponde al Capítulo 9 de
Sudamérica con 500 dólares

Capítulo anterior:
Vuelta a Cusco y entrada a Bolivia

Estaba un poco aturdido pero le dije: “A Copacabana por supuesto”. Entonces tiene que bajarse aquí. Me asomé por la ventana y vi que estábamos en plena carretera, en medio de la nada. ¿Cómo que aquí, ya llegamos? El señor se me quedó viendo con una cara de pocos amigos y entendí que debía bajarme. Lo hice de inmediato y al bajarme del autobús vi a otras 6 personas que también se habían bajado. En efecto, estábamos en medio de la carretera.

Lamentablemente, no tengo fotos de esta parte del viaje

Me entregó mi maleta y nos dijo: Esperen aquí que ya vienen por ustedes. ¿Aquí dónde? Ni siquiera sabía dónde estaba. ¿Seguíamos en Perú o ya habíamos cruzado a Bolivia mientras dormía? Vi a mis nuevos compañeros de camino y 2 de ellos eran coreanos. Por sus caras no entendían nada de lo que había pasado. Uno de ellos se atrevió a preguntarme en inglés si les podía traducir las indicaciones del chofer. Les dije “We just have to wait here”.

Traslado hasta la frontera con Bolivia

En los próximos 10 minutos pasaron apenas 5 autos. Esa carretera estaba vacía, no había ninguna señalización de adonde ir. Pero entonces, vi que se acercaba un carro viejo y grande y nos tocó corneta. ¿Ustedes vienen en el bus de Cusco? Le respondí que sí y nos hizo señales para montarnos. Así que los seis colocamos nuestros equipajes amarrados al techo y nos montamos.

Una vez adentro, le pregunté al señor que dónde estábamos y me dijo que aún en Perú, que el nos llevaría hasta Yunguyo, la frontera con Bolivia. Ahí entendí todo: Los buses 100% directos entre Cusco y Copacabana no existen, lo que hacen es que los buses Cusco-La Paz te dejan en la encrucijada de la frontera con Yunguyo, puerta de entrada a Copacabana, y posteriormente prosiguen su camino a La Paz.

La frontera Perú-Bolivia

No sentí ninguna rabia, ya que me acordé de lo bueno que se habían portado conmigo el día anterior. Llegamos a Yunguyo y el chofer nos cobró 6 soles (2 dólares). Yunguyo no es más que una calle prácticamente, así que encontrar la aduana para sellar el pasaporte es lo más fácil del mundo. Y lo mejor, desde allí ya puedes ver al fondo el imponente lago Titicaca. Sellé el sello de salida de Perú, caminé unos metros hasta encontrarme con otro letrero gigante de la marca páis de Perú (en donde por supuesto me hice una foto) y caminé unos pocos metros hasta atravesar un arco.

Frontera Peru-Bolivia

Listo, ya estaba en Bolivia!! A una cuadra de atravesar el arco estaba la sede de migración boliviana en donde le coloqué el sello de entrada en el pasaporte. Lo siguiente era, por supuesto encontrar en dónde cambiar monedas. Tenía soles y dólares, pero decidí cambiar dólares nuevamente ya que al final de mi viaje tendría que entrar nuevamente a Perú para agarrar el único avión de la travesía Lima-Caracas de vuelta a casa.

Bolivia: Amor a primera vista

Cambié 50 dólares y logré conseguir otro taxi (carro viej, grande y un poquito destartalado) para que me llevara hasta Copacabana. Llegamos en apenas 20 minutos, no sin antes recoger en el camino a otras personas, incluyendo a una niña que tenía cargada a una ovejita. Bolivia es auténtica, definitivamente. Desde esta primera anécdota hasta que salí del país, todo lo que pude ver y vivir me hacen decir que Bolivia ha sido el país más bello que he visitado hasta ahora y al que seguro volveré a visitar. Por algo es llamada “el Tíbet de Sudamérica”.

Copacabana

Llegamos a las 10 am a Copacabana, pero me sorprendí cuando una señora que se había montado dijo que eran las 11 de la mañana. Entonces me acordé que Bolivia tiene una hora más respecto a Perú. Ajusté mi reloj y me dispuse a ir directamente al puerto para agarrar la lancha que me llevara a la Isla del Sol. En el camino, sin embargo me encontré con muchas agencias que ofrecían tours completos por 60 dólares. ¡Eso era muy costoso!

Copacabana (12)

Comprando los boletos a la Isla del Sol y La Pa

En una esquina poco antes de llegar al puerto vi una compañía de autobuses que viajaban a La Paz, así que me acerqué a preguntar los horarios y el precio. Tenían uno que saldría a las 6 pm, así que lo compré y aproveché para pedirles si podía dejar mi equipaje con ellos. Si bien al principio no querían, después me permitieron ponerlo “a mi riesgo” en un depósito al fondo. Posteriormente pude ver cómo ellos lamentablemente le negaron la posibilidad de guardar sus equipajes a los mochileros que llegaron después de mí.

Copacabana (3)

El lago Titicaca: El más alto (y bello) del mundo

Almorcé pasta con vegetales y refresco de naranja riquísima en un restaurant al frente de la playa. A pesar de que el Titicaca es un lago, es tan inmenso que por momentos puedes pensar que estas frente al mar. Inmenso y bello, de aguas con un azul profundo que inspiran una paz y serenidad impresionantes.

Luego de almorzar me fui a preguntarles a las diferentes embarcaciones, a ver si alguna de ellas me podía llevar a la Isla del Sol. Al principio solo obtuve “no” por respuesta, hasta que uno de los lancheros me indicó que para hacer ese trayecto había un solo horario en la tarde: A la 1.30 pm. Fui al sitio donde los vendían (Una casetica de cemento en plena playa) y compré mi boleto a la Isla del Sol por 30 bolivianos. Eran las 12 del mediodía, así que aproveché esa hora para descansar en la agencia de autobuses, donde además tenían un enchufe así que puse a cargar mi celular que estaba sin batería.

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La lancha a la isla: Navegando entre los Andes

Me monté en la lancha y adivinen quienes estaban: los 2 coreanos que venían conmigo en el autobús desde Cusco. También habían alemanes, argentinos, italianos y una española preciosa. Me senté en la parte de arriba de la lancha, ya que se los digo es el mejor lugar para disfrutar el paisaje, ver el azul intenso del lago, el cielo despejado y las montañas más enormes con nieves eternas en sus picos que jamás haya visto.

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Un lugar y una experiencia única definitivamente. El trayecto duró una hora en la que no me aburrí ni por un segundo, solo viendo el paisaje.

Llegando a la Isla del Sol: Escalera y fuente del inca

Llegamos a la isla. Gracias a la lección que aprendí en Machu picchu decidí pagar un guía.

Primero subimos por unas escaleras enormes -las escalinatas de Yumani-, siendo recibidos por las estatuas del inca Manco Cápac y su esposa Mama Ocllo.

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En medio de las escaleras estaba una alpaca pastando

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Al final de las escaleras estaba la fuente de la juventud, que ségún los indígenas tiene poderas curativos y limpia el alma. Cerca hay un jardín incaico precioso

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Una llama escupiéndome: La mejor foto de todo el viaje

De allí seguimos subiendo mientras el guía nos contaba la historia de la isla. Llegamos hasta unas casitas donde había una alpaca bebé que tenía amrrado unos niñitos blivianos de 4 y 3 añitos. El paisaje era bello y me quise hacer una foto con la alpaca y los niñitos (quienes, lamentablemente me cobraron 1 dólar, porque todo en la Isla del Sol te cobran) pero valió la pena porque salió una de las fotos más espontáneas de todo el viaje, en el momento justo en el que la pequeña llama me estaba escupiendo. Allí comprobé que es cierto que ellas no son muy sociables y que escupen si uno las abraza. Aún así ese recuerdo me lo llevaré como uno de los más hermosos del viaje.

Copacabana (9)

El templo Pilkokaina

Posteriormente me encontré con unas paraguayas con quienes empecé a tomarme fotos y a compartir el resto del camino (distrayéndome del tour guiado jeje). Caminamos viendo desde lo alto el Lago Titicaca hasta que finalmente llegamos al templo del inca “Pilkokaina”, al cual pudimos entrar conocer. Finalmente, el recorrido por la Isla del Sol había terminado (No duró más de 3 horas), y a pesar de que pudiera parecer corto, el estar en ese lugar valió la pena totalmente y volvería mil veces. Pero eso sí a realizar el tour completo de la isla incluyendo la parte norte y a quedarme a dormir para ver el amanecer de ser posible.

Copacabana (11)

Regreso a Copacabana… y siguen las fotos extremas

Cuando nos estábamos montando para volver a Copacabana conocí a uno de los viajeros más simpáticos del viaje, un japonés de unos 65 años que se puso a tomarnos fotos a todos. La alegría de ese señor transmitía una buena vibra increíble, y a pesar de su edad saltaba, se reía y echaba chistes en inglés mientras nos tomaba fotos a todos. Gracias a él es que tuve la “valentía” de saltar la baranda hasta la proa de la lancha mientras él me tomaba las mejores fotos con el lago Titicaca al fondo.

Copacabana 55

Finalmente a las 5 pm llegamos y fui directo a la agencia de autobuses para agarrar mi bus al próximo destino: La Paz.

Siguiente capítulo:
La Paz: Alta y auténtica

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Guía de Copacabana: ¡Disfruta y ahorra!

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