Bitácora de Puerto Rico: Los mejores lugares para visitar en la isla del encanto

La historia de cómo tomé la decisión de viajar a Puerto Rico es bastante particular, ya que debo decir que en principio no tenía en mis planes visitarlo, ya que mi viaje inicialmente era solo hacia República Dominicana (Santo Domingo y Punta Cana). Sin embargo, luego de averiguar un poco por internet y preguntar a varias personas locales, me entraron ganas de visitar Puerto Rico, viajando a través de un ferry que conecta las 2 capitales de las islas: Santo Domingo con San Juan de Puerto Rico.

Desde siempre yo había querido conocer Puerto Rico, me encantaba la manera de hablar de los boricuas, con su acento y su “spanglish” tradicional, así como por el “sabor” latino que llevan en las venas, al ser, para muchos, la cuna de la salsa y el reggaetón y el lugar de nacimiento de una gran mayoría de artistas latinos como Olga Tañón, Luis Fonsi, Chayanne o Daddy Yankee.

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LA TRAVESIA HACIA PUERTO RICO

Cuando pregunté en Santo Domingo la información para tomar el ferry, me dijeron que salía en casi 100 dólares por trayecto (190 dólares ida y vuelta) y que duraba 13 horas, además de que para entrar se requería la visa americana, al ser un “estado libre asociado” de Estados Unidos (Luego entendería un poco mejor esto).

Tomé el ferry a eso de las 5 de la tarde en el puerto de Santo Domingo y salimos con retraso como a las 7 de la noche. El barco era sumamente grande, ofrecía shows y presentaciones musicales a bordo, así como comida (Esta no incluida en el boleto), y a fin de cuentas para mí parecía como un mini-crucero, siendo lo único incómodo el dormir en las butacas, ya que el alquiler de los camarotes era mucho más dinero que se escapaba mucho del presupuesto que tenía en ese momento (El camarote más sencillo costaba 60 dólares la noche).

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Luego de un viaje de más de 13 horas, comencé a ver las costas de las playas de Puerto Rico a eso de las 8 de la mañana, con sus características murallas de los castillos de San Felipe y San Cristóbal, uno de los paisajes que más he disfrutado ver en mi vida.

ENTRANDO A PUERTO RICO

Llegamos al muelle como a las 9 de la mañana y luego de pasar por la migración con personal de Estados Unidos, entré a la isla de Puerto Rico oficialmente. Sin embargo, un detalle a tener en cuenta (que no lo sabía), es que a veces pueden cambiar los muelles de desembarque, como me pasó a mí, que teniendo un mapa dibujado que traía desde casa (No tenía internet en el teléfono en ese momento), me sentí perdido ya que el muelle en el que estaba no era el mismo que había anotado en la hoja.

Lo bueno fue, que a pesar de eso y de que los precios de los taxis hasta mi hostal eran a mi parecer exagerados y se salían del presupuesto, una pareja de puertorriqueños que habían traído su carro me ofreció traernos hasta nuestro hostal. Esa fue la primera de muchas veces que sentí la amabilidad y disposición a ayudar de los boricuas.

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LLEGANDO AL HOSTAL

La llegada al hostal fue un poco graciosa, ya que ese fue el más económico que pude conseguir con una ubicación “relativamente” buena. Sin embargo, el hostal decía que quedaba en un sector llamado Miramar, y al final resultó quedando en Santurce, un sector no muy bonito de la ciudad.

Pero si bien el sector no era el más bonito, lo que sí me gustó fue el hostal, sus instalaciones y el trato de los empleados que siempre estuvieron dispuestos a ayudarnos. De hecho, una de las primeras preguntas que les hice: ¿Cómo llegar en autobús al viejo San Juan y las murallas? Me ayudó a entender una de las características de la isla: El transporte público es bastante escaso y la mayoría de la gente se mueve en autos propios o taxis.

A PIE POR LAS CALLES DE PUERTO RICO

Viendo esto, ese mismo día escogiendo entre todo lo que hay que visitar en Puerto Rico, yo decidí llegar caminando hasta el viejo San Juan, y como tenía un mapa turístico que me habían dado en el ferry decidí seguirlo pensando que no era tan lejos. Caminé por aproximadamente 5 horas y aunque al final estaba rendido, el trayecto valió la pena para conocer mejor gran parte de la ciudad.

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Mi trayecto por San Juan fue más o menos de la siguiente manera: Desde Santurce caminé hacia Miramar con dirección a una laguna preciosa, luego seguí hacia las entradas de Condado, uno de los lugares más exclusivos de la ciudad y recorrí sus avenidas llenas de tiendas exclusivas y caros restaurantes, mientras veía la playa y me tomaba fotos.

Luego, llegué a la playa de Condado, una playa muy pequeñita, que queda más en la laguna que en el mar y luego de cruzar un puente larguísimo comencé a caminar más en vía hacia el viejo San Juan, a través de un gran malecón que me llegó a uno de los lugares más bellos para visitar en Puerto Rico (aunque no sé por qué casi nunca lo colocan en las guías turísticas): el congreso de Puerto Rico.

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Pasé bastante tiempo admirando su arquitectura y tomando fotos y de allí bajé caminando hasta el castillo de San Cristóbal, al que lamentablemente no pude entrar por la hora (Ya eran casi las 5 de la tarde), pero recorrí las callecitas del viejo San Juan y luego de esperar más de media hora logré tomar un nuevo autobús que me devolvió hasta las cercanías de mi hostal.

Esa noche decidí dedicarla a descansar al máximo, ya que al día siguiente quería salir al interior de Puerto Rico, para visitar El Yunque, una de las reservas naturales más bellas del mundo y la playa Flamenco en Isla Culebra (Considerada por muchos, la mejor playa del mundo).

HACIA LAS AFUERAS DE SAN JUAN: EL YUNQUE, LUQUILLO E ISLA CULEBRA

Efectivamente, al día siguiente me levanté temprano y luego de salir del hotel con mi mapa habiendo preguntado cómo llegar a esos sitios, agarré un autobús que me llevó hasta… el metro, otro de los sitios para visitar en Puerto Rico que no son muy conocidos. Sí, aunque parezca increíble, a pesar de que Puerto Rico es una isla pequeña de poco más de 3 millones de habitantes, cuenta con un metro genial, de los mejores que he visto en mi viaje, que recorre desde San Juan hacia las afueras de la ciudad. Me monté y difruté la travesía, ya que el metro es aéreo y se puede observar toda la ciudad desde allí.

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Llegué hasta la parada de los autobuses que van hacia el interior de la isla, y lo que no me gustó fue que tuve que esperar como 2 horas a que se llenara de pasajeros para que por fin una de ellas quisiera salir, con destino primero a El Yunque y luego hacia Isla Culebra. La carretera es como una larga autopista, y el autobús me dejó en plena vía para que yo llegara caminando hacia El Yunque, donde pude recorrer muy poco por la hora, pero me encantó.

Luego, volví a la vía y me dirigí esta vez hacia Isla Culebra, aunque ese mismo día no logré llegar ya que el señor me dijo que era muy tarde, que mejor volviera mañana pero mucho más temprano, y que me recomendaba quedarme en playa Luquillo, en el balneario Montserrat, otra de las bellas playas de Puerto Rico para visitar.

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Así lo hice y luego de disfrutar de un rato ameno en esa bella playa, de agua tranquila y mar azul me regresé de la misma forma, primero al terminal de autobuses, luego al metro y por último a mi hostal, para volver a madrugar aún más al día siguiente para conocer en la mañana Isla Culebra y en la tarde visitar los castillos de San Cristóbal y San Felipe.

En efecto, al día siguiente logré cumplir mi cometido de conocer Isla Culebra, que me dejó maravillado y posteriormente volví al centro de San Juan con la misma combinación de transporte público para recorrer los castillos de San Felipe y San Cristóbal, que son los lugares ícono que visitar en Puerto Rico.

POR LAS MURALLAS DE PUERTO RICO: LOS CASTILLOS

Este recorrido fue uno de los que más disfruté, ya que los castillos o fortalezas coloniales por dentro son gigantes, y las vistas desde sus murallas son sencillamente impresionantes. Recorrerlos es adentrarte en la historia de la ciudad defendiéndose de invasores y piratas, y de apreciar la arquitectura de esas gigantes murallas de piedra.

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El primer castillo que visité fue el de San Cristóbal y posteriormente caminé por un trayecto bastante largo al llegar a una explanada verde bellísima, justo donde está el Castillo de San Felipe o Faro del Morro, en una de las puntas al norte de la isla de Puerto Rico. Al día siguiente a primera hora tenía que tomar el ferry de vuelta a República Dominicana, por lo que creo que este punto fue el mejor lugar que visitar en Puerto Rico para decirle “hasta luego” a la isla del encanto que me enamoró.

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